En la celebración del Día de la Mujer Trabajadora han confluido objetivos y discursos muy dispares, y por eso hoy resulta atrevido afirmar -como he venido haciendo desde hace muchos años- que soy defensora de la mujer; que me sublevan las expresiones de machismo y los fenómenos de desigualdad; que en mi vida profesional y familiar tengo muy presentes los riesgos de incurrir en actitudes sexistas.

Sí, resulta atrevido y hasta peligroso seguir pregonando que soy feminista. Hasta ahora pensaba que el concepto estaba claro: una vez eliminadas o reformadas todas las leyes y normas que discriminaban sobre el papel a las mujeres, hay que seguir luchando para que desaparezcan costumbres inaceptables, prejuicios, lenguajes anacrónicos… Se trata de una tarea ardua, porque es capilar, diseminada en múltiples actividades, profesiones… en el propio ámbito familiar. En resumen, queremos algo tan simple como Igualdad de Derechos e Igualdad de Oportunidades. 

Pero, al parecer, no es tan sencillo. Ni mucho menos. La lectura del Manifiesto de la Comisión 8 de Marzo me ha dejado estupefacta. Ya en el primer párrafo se cita la Segunda República y la Guerra Civil. Le sigue la lucha contra el cambio climático y la preservación de la diversidad. Tampoco se libra el neoliberalismo, el capitalismo y el imperialismo, y -esto me parece muy original- se señala a las empresas farmacéuticas porque hacen negocio fomentando la mujer ‘patologizada’. También se pide el aborto libre para las menores y que no se fabriquen armas. Es un resumen sólo de las ideas, porque el estilo del texto no me atrevo a describirlo.

Me parece muy triste, en fin, que unas ideas que compartimos la inmensa mayoría de los ciudadanos, hombres y mujeres, se contaminen de otras ideas que, por legítimas que sean, ni existe obligación de compartirlas, ni tienen nada que ver con la lucha por la igualdad real y efectiva de mujeres y hombres. Por mi parte, voy a seguir diciendo con orgullo que soy MUJER, porque en el fondo sé que somos mayoría las que nos negamos a hacerlo todo tan complicado.

Una aspiración, creo, también muy femenina.