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Todos hemos pasado por ello. Un golpe, una lesión, una hinchazón por hacer deporte o por un mal gesto. Y siempre hemos encontrado como solución más inmediata el hielo. Es una de las primeras medidas para evitar inflamaciones y dolores. Colocar un hielo en la zona afectada es muy efectivo, pero siempre es conveniente saber cómo, cuánto tiempo y por qué sucede esto.  

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La respuesta es sencilla: el enfriamiento de la lesión hace que disminuya el requerimiento de oxígeno por parte de las células vecinas, lo que hará que baje la hemorragia y la inflamación. Eso sí, es preferible que el hielo no tenga contacto directo con la piel para evitar quemaduras.

De hecho, lo más habitual es cubrir la zona afectada con una toalla o trapo húmedo y colocar una bolsa de plástico con hielo troceado. La toalla deberá de estar húmeda, de lo contrario puede actuar como aislante.

Después de una lesión o un golpe, las primeras 72 horas son clave y la aplicación en tramos de unos 15 minutos puede significar una reducción de días o semanas en el retorno a la actividad diaria habitual. Este aspecto es importante para los deportistas que necesitan acortar plazos para llegar a determinadas competiciones.