El hielo ha sido un gran aliado del ser humano a lo largo de la historia. Le ha ayudado y le sigue ayudando a conservar alimentos, enfriar bebidas, desinflamar lesiones, prevenirlas, disfrutar de deportes de invierno y otras muchas utilidades. Pero el favor que el hielo ha hecho a la humanidad no termina ahí.

En los últimos años, como consecuencia del calentamiento global, las capas heladas del planeta se han ido reduciendo paulatinamente. Este hecho ha revelado multitud de secretos que la historia nos tenía guardados y que, de no ser por el efecto conservador del hielo, jamás hubieran sido conocidos. Por desgracia, la desaparición de glaciares y capas de hielo no es una buena noticia para la Tierra pero cuanto más hielo desaparece más secretos y misterios salen a la luz. Os resumimos los 5 secretos de la historia conservados por el hielo que nos han parecido más curiosos:

1- Ropa de la edad de hierro

A día de hoy podemos saber cómo vestían y que ropas llevaban nuestro ancestros de la Edad de Hierro gracias al hielo. Encontrar ropa del primer milenio antes de Cristo es algo muy poco habitual. Se pueden contar con los dedos de las manos los hallazgos. Uno de los últimos fue en 2011 cuando unos investigadores se encontraron con una túnica de lana hecha a mano confeccionada entre los años 230 y 390 d.C. Fue tras el deshielo definitivo del glaciar Lendbreen en Noruega.

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2- La Momia Ötzi

No solo se ha encontrado ropa prehistórica gracias al hielo. También se han encontrado cuerpos humanos casi intactos. Es el caso de la Momia Ötzi hallada en septiembre de 1991 por dos turistas alemanes que realizaban una marcha por los Alpes italianos. Al principio creyeron que era un cadáver reciente de un montañero pero tras avisar a los servicios médicos, el estudio posterior de los restos mediante la prueba del carbono desvelaron que el hielo había conservado a este hombre momificado durante más de 5300 años. Se trata de uno de los descubrimientos más importantes de la historia.

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Junto a este cuerpo de la Edad de Bronce se encontraron también varias de sus pertenencias como un sílex, un gorro de piel de oso y un hacha con la hoja de cobre. Tras diferentes pruebas se pensó que Ötzi murió de manera repentina, pues en su estómago había restos no digeridos de su última comida. Más tarde, con prueba de rayos X, se descubrió que la momia tenía alojada en el hombro la punta de un flecha y dos costillas rotas por lo que es probable que muriera en batalla y gracias al hielo permaneciera conservado y lejos de depredadores.

3- Mamuts

Además de cuerpos humanos, el hielo nos ha desvelado la existencia de otras especies hoy extinguidas y que si no fuera por la conservación que proporciona el frío, nunca hubieran sido conocidas por la humanidad. El caso más relevante es el de los Mamuts. De ellos se tenían referencias gracias a las pinturas rupestres pero no fue hasta 1977 cuando se halló una cría de esta especie. Por desgracia estaba mal conservada y poco se averiguó.

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Sin embargo, en 2010, tras el fuerte deshielo sufrido en algunas zonas de Siberia, Rusia, se descubrió una preciosa cría de mamut lanudo de una tonelada de peso. Después de 39.000 años en el hielo, la cría se encontraba en perfecto estado de conservación y aún mantenía su pelaje y el tejido muscular intactos. Gracias a esto se pudo tomar muestras de sangre de un animal prehistórico e incluso se habla de  la posibilidad de clonar en un futuro a esta especie extinguida.

4- Un bosque prehistórico

Y si se ha encontrado ropa, cuerpos humanos y animales, también se tenían que encontrar restos de su hábitat. Es el caso de este bosque hallado en Alaska y que tiene más de 2.000 años de antigüedad. Se encontró bajo el glaciar Mendenhall, uno de los 38 glaciares del campo de hielo de Juneau. Desde 1970 ha sufrido un notable deshielo dejando al descubierto este bosque compuesto de ramas, raíces y troncos de árboles. Por desgracia, poco a poco se va descubriendo más y más del resto del bosque oculto pues este glaciar disminuye un promedio de 50 metros al año.

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5- Aviso contra el calentamiento global

Durante el verano de 2013 una expedición científica encontró la botella de un tal Paul Walker, un geólogo que en 1959 introdujo una nota en una botella y la enterró bajo un montón de piedras en la isla Ward Hunt, en Canadá. La nota contenía unas sencillas instrucciones, su descubridor debía medir la distancia desde ese lugar hasta el borde del glaciar y enviar la respuesta a una dirección postal. Con este experimento pretendía medir el impacto que el novedoso calentamiento global podía tener sobre los glaciares. Lamentablemente, pocas semanas después de poner esa nota Walker falleció. No obstante, los científicos decidieron llevar a cabo la última voluntad del geólogo y tras medir la distancia, la diferencia resultó muy alarmante- Gracias a esta idea se pudo divulgar al mundo las dramáticas consecuencias del calentamiento global.

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